Dolores Redondo (Donostia, 1969) se dio a conocer en 2013 con una trilogía que mezcla novela negra rigurosa con la mitología del valle navarro del Baztán, protagonizada por la inspectora Amaia Salazar. Son tres libros que cuentan una historia continua —el caso policial, pero también la vida de Amaia y su pasado familiar— así que aquí no hay dilema: se lee en orden, empezando por el primero.
Empieza siempre por El guardián invisible
El guardián invisible (2013) presenta a Amaia Salazar, inspectora de la policía foral navarra que creció en el valle del Baztán y llevaba años lejos de él, obligada a volver a Elizondo para investigar el asesinato ritual de una adolescente. Es aquí donde se plantan la mezcla de ciencia forense y mitología vasca que define la saga, y donde empieza a asomar el pasado familiar de Amaia que irá pesando cada vez más en los siguientes libros.
El siguiente paso: Legado en los huesos
Legado en los huesos (2013) retoma a Amaia un año después, ya embarazada, cuando el suicidio de un acusado y una nota dirigida solo a ella reabren el caso desde un ángulo que profundiza tanto en la mitología del valle como en la propia infancia de la protagonista. No es un caso independiente que se pueda leer suelto: da por conocido todo lo sucedido en el primer libro, así que solo tiene sentido después de El guardián invisible.
Qué esperar del cierre de la trilogía
Los dos primeros libros dejan hilos abiertos a propósito: la trama familiar de Amaia y la mitología del basajaun no se resuelven del todo hasta la tercera y última entrega, publicada en 2014. Redondo diseñó la trilogía como una historia única partida en tres, así que si Legado en los huesos te engancha, lo natural es seguir hasta el final en vez de dejarlo a medias.
¿Con qué compararla si ya conoces la novela negra española?
Si te gustó Eva García Sáenz de Urturi y su Trilogía de la Ciudad Blanca, encontrarás aquí el mismo tipo de crimen ritual con raíces en la mitología local, aunque Redondo dedica más páginas a la atmósfera del valle y menos al ritmo puramente policial. Si prefieres algo más rápido y con menos peso mitológico, Domingo Villar o Juan Gómez-Jurado son mejor punto de entrada a la novela negra española.